El secreto está en el movimiento suave y la percepción del cerebro
Cuando subimos a un globo aerostático, nuestro cerebro no interpreta la altura de la misma forma que lo hace en otras situaciones, como al asomarnos a un precipicio o a un edificio alto. Esto se debe principalmente a que el globo se mueve de manera muy suave y estable, sin vibraciones ni aceleraciones bruscas.
El vértigo suele aparecer cuando hay una diferencia entre lo que ven los ojos y lo que percibe el sistema vestibular (el equilibrio interno del oído). En un globo, todo se desplaza al mismo ritmo y no hay referencias de movimiento rápido, por lo que el cerebro no detecta peligro inmediato. Además, la cesta proporciona una sensación de seguridad, y la distancia al suelo se percibe de forma más abstracta, como si fuera un paisaje lejano. Todo esto hace que la experiencia sea tranquila y raramente provoque vértigo.



